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lunes, 26 de agosto de 2013

CRONICAS SIRIACAS II (ANTES DE LA DESTRUCCION)

Está claro el Sawarma estaba maldito!, y Saladino sabiendo de nuestra condición de cristianos, aunque sin tener en cuenta que no practicantes, se vengó. La noche fue una procesión, pagana, al cuarto de baño. Yo más curtido en estos viajes parece que lo llevaba mejor, pero mi Olgüi estaba varada, en el WC y con unos dolores de estómago considerables. Con todo y con eso abandonamos Alepo, con la misma sensación de hace diez años, ¡que te den Alepo!

Aún los ojos pegados por el sueño de la noche de peregrinación al Sr. Alep, versus Sr. Roca en su versión árabe, escuchamos por la megafonía del autobús la primera gilipoyez de la mañana. Nuestro ínclito guía nos insta a la compra de una remesa de bolígrafos, en la entrada de un supuesto poblado Beduino, para los niños del asentamiento, con el fin de que los papas vean con buenos ojos nuestra entrada en su vida privada. Me parece tan estupido el asunto que pienso en no bajar del autobús, aunque luego, como siempre, me come la


curiosidad por ver el bazar del supuesto beduino, que parece un señor de Alcorcón, versus Terrassa, ataviado con turbante, al mando de una tienda de chinos en medio del puto desierto. Observó la transacción y como ni siquiera se eligen los bolis más pintones para hacer las delicias de los infantes obsequiados. En mi fuero interno veo al padre de cada uno de ello requisándoselos, después de nuestra partida, para volver a la tienda y revendérselos al beduino-tendero.

Terminada la ceremonia nos inmiscuimos en el asentamiento, picándome de nuevo la curiosidad de hasta donde pueden llegar guía y supuestos beduinos para tomarnos el pelo. Recorro sus calles mientras mujeres a las puertas de sus casas y con el preceptivo traje regional, me anuncian que la visita era más que esperada, ya que mientras restriegan algo en una palangana, en el interior de la choza de enfrente, perfectamente fabricada y blaqueada, sobre la que reina una enorme parabólica, se aloja una flamante lavadora automática. Lo que me lleva a preguntar al ínclito guía: ¿Cuándo termine la visita viene un autobús y los deja en Alepo? El guía me asegura que no, que viven allí, como lo demuestran las cabras y las gallinas que corretean alegres a nuestro alrededor, como actores de reparto en una película de “Cecil B. de Mille”

Cuando ya no esperaba más sorpresas surgen niños a tropel, con un maquillaje color mugre que ya hubieran querido para la noche de los muertos vivientes; pero los adultos, que somos como somos, no paran de sacarles fotos y enseñárselas, que luego hay que contar que hemos visitado un poblado beduino. Yo solo acierto a preguntar, de nuevo, que si es día lectivo, ayer fue fiesta, que coño hacen allí, el guía otra vez muy serio me dice que hoy no tienen colegio, que también es fiesta (¿será San Boli?) y a la pregunta de donde está el colegio, me indica hacia un lugar indeterminado en el horizonte, diciéndome que yendo por allí……………. Y yo me pregunto: ¿para qué coño quieren los bolígrafos si estos niños ni han pisado, ni pisaran un colegio en toda su vida? Me recojo en el autobús, mientras les reparten en rigurosa fila los bolis adquiridos previamente y vuelvo a cerrar los ojos imaginando que todo es fruto de las pesadillas inherentes a una noche intempestiva. Pero me despierta la algarabía que se produce cuando los niños, nada más recibir los bolis, echan a correr tras un nuevo autobús de tarados, adivinen: repleto de bolígrafos pegados a turistas.

Una aclaración, los Beduinos no existen prácticamente en Siria, no así en Jordania donde como auténticos empresarios y al tener al rey Hachemita cogido por los cojones de sus derechos territoriales, explotan Petra hasta un punto que un día va a explotar de verdad, en un rebelión de turistas, que les echen a palos de las Haimas, repartiendose las cervezas y bagatelas que venden a precio de oro.

Otra vez en marcha y azuzado por la emoción del Eúfrates, caigo en un ligero sueño hasta el anuncio del esperado avistamiento. En mi desconocimiento, mea culpa, imaginaba el Eúfrates como un inmenso río atravesado por lenguas de tierra, inundando con su caudal, inacabable e incansable, las tierras que habíamos de atravesar. Pero el progreso es el progreso, y el papi del Presi actual, pacto con los Soviéticos la construcción de una gran presa, más de 5 kilómetros, que sujeta el río y forma el lago Assad, el apellido de la familia, parando así el ímpetu del gran río.

En principio la cosa les fue bien, ya que el salto de agua abastecía a toda Siria de electricidad, pero llegaron los Turcos y lo jodieron con otra presa aguas arriba, origen de conflictos y del menor caudal del pobre río. Hoy aún anuncian construir otra más, con lo cual lo mismo el manzanares consigue suplantarle.

El paisaje a la contra es lunar, abriéndose un gran cráter de agua, que como el Nasser en Egipto y hecho con el mismo fin, parece no acabar nunca, con unos colores azules, esmeraldas, y negros que invitan al baño, sino fuera por la tormenta estomacal e intestinal que nos aqueja. Los no tocados por Saladino y como era de suponer catalanas, siempre un paso por delante, se sumergen en sus aguas disfrutando del instante. Al fondo el llamado Castillo Jaaber, con una datación de 10 minutos antes de nuestra llegada, ya que ha sido reconstruido absolutamente, guardando únicamente original el emplazamiento, un lugar maravilloso que domina una buena parte del lago. Lago este que, afortunadamente y artificialmente, cubre los restos arqueológicos más importantes de la zona, ya que aunque una misión internacional intento hacer lo mismo que en Asuan en Egipto, no se recupero prácticamente nada. Algún día podrán ser excavados por una civilización superior a la nuestra, lo que no es difícil.

Damos una vuelta alrededor del castillo y nos vamos al chiringuito de turno, único lugar en la zona con sombra, para picar algo. Y donde nos dan el clave de rigor para solaz de guía y conductor en virtud de su comisión consiguiente y el engrosamiento consiguiente de sus cuentas de ahorro. Visitó 3 veces el baño, Olga no puede con su estómago y continuamos viaje, pero para vosotros eso será mañana, tened en cuenta que estamos malitos.


Durante la dolorosa comida, en virtud de Saladino que sigue haciendo de las suyas, me dedico a observar, de soslayo, a mis compañeros de viaje, no todos, las castellanas han huido del grupo, de carácter más recio, no aguantan los robos del guía, luego descubriré que nadie es lo que parece, ya que en la última parte del viaje, abandonados por la escuadra catalana más divertida y bulliciosa, me pude concentrar más en ellas y he de reconocer que han viajado bastante por el mundo, más de lo que yo lo he hecho, lo que no quiere decir que les haya aprovechado tanto como a alguien menos viajado. Pero he de reconocer que han sido igualmente graciosas y encantadoras, dentro del carácter hosco que da la tierra y más determinante en algunas de ellas. Todo el mundo tiene una parte aprovechable y seductora, aprovechemos esa parte que las malas intenciones crecen hasta en el desierto.

Yo como siempre desbarrando y perdiéndome en mis campos semánticos, como en un desierto Sirio. Pues bien me dediqué a observar al Maitrê del chiriguito que, con lápiz fácil, iba tomando nota de las comandas, sin cometer equivocación alguna; hay que reconocer que el menú era pollo o pollo, pero no se confundió y no dejo a nadie sin pollo, al Cesar lo que es del Cesar.

Observé como cada comensal se ufanaba en pringar sus tortas de pan en los entrantes, humus, berenjenas masacradas, salsa roja (como congreso del partido, comunista claro), a la par que succionar cervezas.

Fruto de mi labor, “cotillesca”, quede embelesado en una foto del presidente de Siria, con su serio traje de chaqueta, mostrando una nueva santísima trinidad, a saber: él, la bandera de Siria y el líder de Hezbola, con turbante y cara de bonachón, pero que tiene que tener lo suyo. Es curioso como, vayas a donde vayas, los sirios enarbolan estas fotos en coches, en ventanas, en comercios, en sus puertas, en hoteles, variando la composición de este triunvirato, pagano, en función de sus preferencias, ora la familia Assaz, ora la composición antes descrita, ora una variante nueva, vista solo en Damasco, donde al líder de Hezbola y al presi le acompañan el presidente de Irán Amedyneyab, (no se como se escribe y no pienso consultarlo en Google que se me va la inspiración.).

Vuelvo al estudio de los comensales, cada uno con su vida, con sus inquietudes, con sus miedos, con sus metas, con el decurso paralelo de sus vidas, y a los que seguramente, aunque nunca se sabe, nunca volveré a ver, ¿Qué tenemos en común, tenemos ideas parecidas, por qué se han cruzado nuestras vidas en este instante? Otra vez los fractales, sobre eso ya os hablaré otro día.

Pierdo la concentración, de nuevo, al ver lo mal que Olgüi lo está pasando peleando con Saladino, es pequeña pero fuerte, aunque la batalla es dura. Miro el lago a través de los árboles y me siento bien, me siento cómodo, he creado una burbuja de paz que se va a evaporar en escasos momentos, pero la aprovecho, me regodeo en sus paredes y veo como se resquebraja poco a poco con el olor de café de ciénaga y té importado de Francia. Estos son los mejores momentos de los viajes, cuando sin causa alguna y no en la mejor de las circunstancias, un pensamiento hace que el cerebro racional se imponga al de primate y podemos contemplar con una sonrisa velada, que estas donde quieres estar, con quien quieres estar, y sin que te importe nada más.

Me bajo del nirvana y me subo al autobús, nos quedan aún un buen trecho hasta llegar a DEIR EZ-ZUR, final de nuestra jornada.

Para ello nos encaminamos a RASAFA, versus RUSSAFA en algunas guías. Siempre existe este descontrol de nombres, ya que la grafía árabe no recoge las vocales y estas se colocan por sonido, dando así nombres parecidos aunque no idénticos. Dicho lo cual llegamos a ella. De la que hay poco que contar, al estar prácticamente toda sin excavar, lo que de nuevo me embarga de alegría, sigo pensando que mejor un territorio sin excavar, que mal excavado, como era de esperar: deformación profesional.

Eso si se conservan unas imponentes murallas que nos hablan del gran asentamiento que tuvo que protagonizar, mientras el repetitivo guía, nos vuelve a referir los años, invasiones y dominio de la zona, que ha repetido durante todo el viaje, algo lógico ya que los que llegaban arrasaban, se asentaban y volvían a ser de nuevo arrasados, pasando esto en toda Siria. Datos estos, sin importancia para la imaginación, que vuelve a reconstruir calles, baños, cisternas, casas, mercados, mezquitas, iglesias, armas, amor, miedo y como no años de felicidad y vida, trufados por años de hambre y muerte entre sus pobladores, quienes hoy, seguramente, reposan extramuros de la ciudad. Vidas que como la nuestra, solo vinieron para completar un ciclo, el de unos genes que a fuerza de sobrevivir se van convirtiendo en más listos y de manera subsidiaria dan lugar a civilizaciones e imperios, cuando su única y primigenia misión era solo reproducirse. Bueno me estoy poniendo estupendo y mejor seguir con la visita.

La recorremos al atardecer, claramente la mejor hora para recorrer estos yacimientos, que el sol del desierto no deja distinguir una muralla de un lienzo de casa o del suelo tintado del mismo polvo y color. El sol descubre las formas con su proyección oblicua, levantando murallas y edificios, para dejarlos caer suavemente coincidiendo con su ocaso.

A continuación refrigerios y camino del hotel, para lo cual entramos en una zona, que por petrolífera, por ser frontera con Iraq y por riqueza agrícola, muestra una Siria diferente, con una clase inexistente en casi todas sus regiones y solo vislumbrada en Tartus. Vuelven a hacerse presentes los potentados, refugiados de los países en conflicto vecinos, quienes han hecho el atillo, han cogido sus suculentos botines y se han trasladado a vivir como reyes, en un país que ya no recuerda a los suyos. Así abundan volvos, audis, mercedes, confundidos con las fritangas de pollo y cordero en rollo, racimos de dátiles, tiendas de remedios arcanos y vendedores de nada. A todos ellos se une otro tipo de población, llamémosla cualificada, que trabaja en los pozos petrolíferos y quizás dirige las explotaciones agrícolas, así como en la banca inherente a la nueva clase de ricos exiliados.

Después de alojados decidimos tomar la ciudad, pero como unos querían pasear y cenar por su zoco y otros recorrer el puente que cruza el Eúfrates, optamos, con una ligera desavenencia, por la segunda opción, y como suponía fue un fiasco, andamos más de 2 Km., para tropezar repetidamente sobre un puente a medio construir, y aunque al parecer diseño de Eifell, en actual estado terminal, no por muerto, si por inacabado. Vislumbrando al fondo la masa negra del río, volvemos por nuestros pasos y en un intento de puteo al “Líder expedition”, optamos por ir al Restaurante que nos ha indicado él, pero sin él. Allí encontramos al otro grupo, que sigue nuestros pasos en otro autobús paralelo, pero que en un momento dado optará por Jordania, como algunos de nuestros compañeros. Después de dejar claro al dueño que no somos de ningún grupo, ni pertenecemos a ninguna “secta con líder cobra comisiones”, nos sentamos y porque no decirlo gozamos de una buena cena, esta vez con pizza, que no envidiaría a la italiana y a un precio más que razonable, hay que tener en cuenta que está exento del IBA, a saber “impuesto básicamente pal Aiman”, que así se llamaba nuestro ínclito guía.

Yo por mi parte, me moría de ganas de encontrar al guía para joderle un poquito, comentándole lo bien que habíamos cenado en el restaurante al que quería llevar al grupo y al que nos habíamos negado a ir en principio, todo para ver su cara de perdida de comisión.

Paramos junto al río, antes de atracar en el hotel, y tomamos un café execrable pero en ambiente muy agradable, como yo digo solo gente “de la mata”, que se comporta de manera extremadamente amable con nosotros y que ojo al dato, nos cobra 10 cm., de los suyos por café.

Me voy a la cama con una sensación de rebeldía conseguida, no antes de visitar al Sr. Alep, no por escatológico, sino en virtud del cabrón de Saladino. Buenas noches, un beso.


Empezamos el día como dejamos el anterior, con las tropas cristianas aguantando el envite de las infieles, haciendo Saladino múltiples incursiones dirigidas a nuestro flanco y retaguardia. Pero con un “Santiago y cierra España”, Olgüi y yo enfrentamos el día. Afortunadamente nuestro organismo no aceptaba ningún tipo de alimentos, aunque si los hubiera aceptado le hubiera dado igual, dado el “magnifico” buffet que se nos presentó en el desayuno.

Después vuelta a acarrear maletas hasta la recepción, desde donde un amable señor, decidía cuales coger y cuales obviar en su transporte al autobús, donde eso si, introducía todas en el maletero del mismo, bajo la mirada atenta del conductor, (en italiano autista), algo en lo que era un experto como nos demostró en Hama: donde Joaquin y yo tuvimos que vaciar todo el maletero para sacar las nuestras y volverlas de nuevo a introducir, ya que iban a otro hotel, eso si, otra vez, bajo la atenta mirada del conductor, que hay que reconocerle que se sabe fijar en las cosas, es un profesional de la atención……….ocular. Después de este inciso, propina al señor del hotel seleccionador de maletas a llevar al autobús. ¿No hubiera sido más sencillo y cómodo, ya que nos daban unas pegatinas al entrar en el hotel, que haciendo figurar en ellas nuestra habitación, tanto subirlas, como bajarlas e introducirlas en el autobús hubiera sido misión de los trabajadores del mismo con todas las propinas consiguientes? Los caminos de Ala, como los del guía son inescrutables.

Partimos pues hacia Dura Europos y Mari, en ellas lo explicado para Russafa, es aplicable, aunque la luz de la mañana les hace perder toda la fantasía y majestad, azotadas por un sol joven (la juventud no es buena para nada) y fuerte que desprecia las sombras, arrasando todo a su paso con luz cegadora.

Parece ser que ambas se encuentran en proceso de excavación, aunque solo se acierta a vislumbrar a algunos trabajadores locales que al ritmo que van, descubrirán los yacimientos en unos dos mil millones de años. De ambas me quedo con la vista del Eúfrates desde Dura Europos, sino recuerdo mal, y con la parte cubierta de la excavación de Mari, donde un colega, arqueólogo francés dedico su vida, para desentrañar bien poco.

A mi personalmente, en su día, me entusiasmó la arqueología y como tal con Loreto y Joaquin, estuvimos un buen puñado de años, todos los veranos, trabajando en una excavación patrocinada por el Instituto Arqueológico Alemán de Frankfurt y dirigida por su Director, donde lo mismo picábamos que dibujábamos, que tomábamos alturas, que limpiábamos cerámica, que transportamos carretillas. Resultado de todo ello, personalmente, hoy por hoy, pienso que la Arqueología, de considerarla ciencia, es una ciencia destructiva. En primer lugar, al sacar a la luz yacimientos ocultos que rápidamente son expoliados por los lugareños, durante el tiempo que no se excava el terreno; en segundo lugar, porque aunque los medios científicos hoy en día son amplios y aventajados, los métodos de excavación no son parejos y falsean los resultados, todo ello sin contar con las interpretaciones que se dan de los hallazgos encontrados, ya que con unos mismos restos, las conclusiones pueden ser tan dispares y desconocidas, como el origen de la mortadela que nos ponen en el desayuno.

Nuestro risueño acompañante nos vuelve a recitar las fechas, invasiones, recuperaciones y dominaciones consiguientes, ya oídas, que no escuchadas y partimos hacia Palmira, lugar de leyenda donde me sentí como el concubino de Zenobia, la primera vez que la visité. A tal fin Joaquín que es un hacha me mostró la carretera que desde Mari partía hacia Palmira atravesando el desierto y que obviaba la vuelta a Deri Ez-zor.

Evidentemente la perspectiva de un viaje dilatado por el desierto era bastante más atractiva que recorrer de nuevo la carretera antes transitada. Un viajero de la vida no debe volver a recorrer un camino ya transitado. Inexplicablemente el líder group, después de las llamadas de rigor, acepto, renunciando a la comisión que le proporcionaría la comida, ya que estaba empeñado, puesto que no consiguió llevarnos en grupo al restaurante programado para la noche anterior, llevarnos a comer a él ese día. Al menos eso pensé yo, pero en Palmira nos esperaba un buffet libre pa güiris, que ya había pactado por si las flays.

El camino comenzó de la forma más espectacular que se puede imaginar, una inmensa manada de dromedarios campaban por la amplia estepa, dibujando un paisaje contemplado quizás de igual manera por otros ojos desde miles de años atrás. Pero a continuación la anunciada pista por el desierto se convirtió en una triste carretera comarcal, trazada de forma lineal y que discurría paralela a una hilera interminable de postes portadores de electricidad, seguramente para surtir de energía a los múltiples mini asentamientos militares de la zona, donde un cabo y dos soldados en cada uno, mal vivían en precarias edificaciones abrasadas por el sol. Por lo demás nunca hay que tener elevadas expectativas, ya que casi nunca se cumplen y en consonancia, la mayoría del pasaje acabo quedándose dormido hasta llegar a Palmira.

En ocasiones los desiertos interiores, de cada uno, no acaban de acoplarse con los exteriores, que quizás en otras circunstancias hubieran sido apasionantes y reveladores de nuestros vacíos internos.

La llegada a Palmira merece otro capítulo, aunque no tan atractivo como cabría de esperar.


PALMIRA,


Era hace una década, como una novia vestida de luz, que se prendía en la retina, sobre un fondo de verde palmera y cielo azul. Era un lugar soñado. La primera vez que leí sobre esta antigua ciudad, tendría no más de 20 años y fue en uno de esos libros que se encuentran ajados en los anaqueles de cualquier librería de viejo, pero que en este caso era de mi tío Gonzalo, quien dirigió mi adicción a la lectura, así entre libros de aventuras, novelas negras y sobre todo literatura francesa, apareció ese libro que se titulaba algo así como “Los primeros descubridores de maravillas”. En él se hablaba de europeos, que vestidos como árabes y hablándolo casi a la perfección, en algunos casos mujeres vestidas de hombres, recorrieron estas tierras, entonces desconocidas en occidente. Casi todos ellos después de realizar sus descubrimientos sucumbieron a unas fiebres, una picadura mortal o a un asalto de ladrones de caravanas. Todo era mito, todo era aventura, y desde entonces me prometí, visitarlos uno a uno. Palmira y Petra fueron uno de los destinos que, con diez años menos de cintura, con más desconocimiento y descaro, pero con menos poso interior, visité y disfrute de ellos, no tanto de Petra, ya artificial por aquel entonces, si de Palmira.




Una ciudad masacrada por un ejército imperial, el romano, que no pudo terminar con el esplendor de ella veinte siglos después.
Que no pudo acabar con el sueño de recorrer su cardo máximo, aún flanqueado por esplendidas columnas, ligeramente más rosadas que el suelo sobre el que se levantan, arquitrabes fragmentados con decoración de lejanas tierras y frutas del lugar, templos a medio derruir y todo enmarcado por un oasis, que le dio vida, y una cadena montañosa, que la protegía de los duros vientos del desierto. Sobre la más alta un castillo destrozado, en el que me dejé las uñas para colonizarlo y poder ver como el sol se ocultaba en el horizonte, y en su discurrir iba tumbando cada una de las columnas, aun en pie, al hurtarles la sombra creadora de existencia. Como en un rito diario en el que el sol despertaba y acostaba poco a poco las ruinas, tratándolas con el mimo propio de un padre que arropa y despierta a su hija. Mis ojos no daban crédito a tanta belleza, belleza a la par solitaria, no más de una docena de personas asistan al rito milenario y no se oía ni su respiración, hasta que el padre agotado de tanto vagar por el cielo, en una abrasadora jornada más, se ocultaba por el horizonte. Recorrer las ruinas solo con la luz de una luna llena, grande, como sonrisa de embarazada, sentarte sobre una piedra, imaginar entre las sombras como las parejas de hace dos mil años escondían sus pudores bajo columnas y capiteles, únicos testigos de sus ardorosos escarceos y escuchar el sonido inexistente del marco desértico y al fondo, el entonces exiguo núcleo urbano, como campamento circunstancial y única fuente de luz capaz de sacarte de aquel instante, tanto tiempo esperado, por leído, soñado y deseado.

El pueblo, cuatro casas, dos bares donde servían pollo asado y un hotel. Podías andar por la única calle sin cruzarte con ningún visitante extranjero y podías tomar un refrigerio en el hotel Palmira, de ínfima calidad, pero que servia las bebidas en la entrada de las ruinas, utilizando sus capiteles acristalados como mesas velador y desde donde podías perder tu mirada en la amplitud de una destrucción tan conmovedora y perfecta.

Palmira para mi fue un sueño, hoy ha sido una pesadilla. El pequeño hotel ha sido absorbido por la cadena Cham, la más prestigiosa de Siria, remodelado con edificios prefabricados y anexo un restaurante al aire libre. Los caminos de tierra han sido sustituidos por carreteras, que llegan hasta el castillo, donde antes había que ascender por una pista de tierra de más de 2 Km. El mismo castillo ha sido construido de nuevo, dotándolo de escalones, pasarelas y quitamiedos, así como un parking de autobuses a su espalda, hoy repleto de vendedores de baratijas.

En el pueblo, la calle principal ya son varias, plagadas de bares, restaurantes y hoteles de medio pelo, tiendas donde siguen ofreciendo las mismas bagatelas que en el resto del país. El dátil, antes solo vendido en un pequeño chiscón familiar, ahora es la industria de la zona, con multitud de tiendas que los ofrecen hasta para llevar empaquetados, antes un cucurucho de estraza, ahora una caja encintada.

Pienso, para consolarme, que si ello le ha dado prosperidad a la zona, hasta cierto punto es admisible, pero viendo como viven, donde y de que manera, únicamente se constata que hay más pobladores pero en las mismas circunstancias que antaño, los acaparadores de ganancias no viven en Palmira, viven de Palmira, de sus visitantes y pobladores.

No obstante, repetí los ritos y recorrí lo ya recorrido, en ocasiones no reconociendo los lugares, ni las vistas, reconstruidas por elevación, a la vez que eclipsadas por las manadas de turistas video en mano, que con sus pantalones cortos y chancletas sobre calcetines, hoyaban unas ruinas que conocieron a una de las mujeres con más carácter de oriente, sin olvidarnos de Cleopatra. Me refiero a Zenobia reina de Palmira y prácticamente de toda Siria, con incursiones en los países vecinos y a quien negar obediencia a Roma le costó la vida. Pero merecía la pena dar la vida por Palmira, aunque si hubiera sabido en lo que se iba a convertir, dudo mucho que lo hubiera afrontado con tanta valentía.

Asistimos allí, en resumen, a lo que Ortega y Gasset llama “Rebelión de las Masas”, describiendo, desde su sentido y escala social aristocrática, como una rebelión que hace que cualquiera que pueda pagarlo acceda a lugares y actividades, antes reservadas a una élite ilustrada, que así conseguían un disfrute pleno de las mismas. Evidentemente este punto de vista Orteguiano es absolutamente criticable, aunque también matizable. Todo el mundo tiene derecho a acceder a todo lo que nos rodea, independientemente de su nivel económico, pero esto conlleva un deber, el deber de formarse para apreciarlo.

A la par hay que cultivar primero un interés y desarrollar un trabajo por parte de todos los poderes públicos para poner en manos de las gentes los instrumentos necesarios a tal fin. Para que por medio del esfuerzo individual, opten o no, por adquirir los conocimientos y la sensibilidad necesarios para disfrutar de todo lo que ante sus ojos se ofrece, pero con respeto, con orden y con autentico ansia de disfrutar. No permitiendo, por otra parte, estos exagerados desarrollos urbanísticos precarios, que lo único que conseguirán con el tiempo es estropear estos lugares, hasta que sean abandonados, por trillados y sobre explotados por gentes a los que tanto da Aguilar de Campoo o el Cairo.

Y asegurando que en ningún caso un mayor poder económico, de patente de corso para el disfrute de estos enclaves; para visitar estos lugares hay que merecerlo y eso solo es cuestión de interés, educación y trabajo, el trabajo que cuesta conocer para disfrutar lo que ante nosotros se muestra. Para el resto Marina D´or, que para eso está.

CRONICAS SIRIACAS

He recorrido Siria en dos ocasiones y con 15 años de diferencia, estás son las crónicas, que alguno ya ha leido del último viaje. Meditar sobre ellas y pensad si es posible consentir lo que esta pasando.

SEPTIEMBRE DE 2008

Es una certeza escrita y repetida, que nunca se ha de volver a visitar los lugares que dejaron profunda huella en nuestro viajar. A pesar de ello el humano erra y erra, (quizás debería ir con “h” de herrar) y busca de nuevo las sensaciones que le produjeron, un paraje, un lugar, unas ruinas, una puesta de sol. Sin comprender que nunca se puede observar dos veces pasar el mismo agua en el cauce de un río. Las circunstancias cambian, el entorno cambia, las personas cambian, él mismo cambia y una mirada casi infantil se hace madura y no obvia lo que unos ojos impresionados no alcanzan a abarcar, ni a analizar.




Esto me ha ocurrido en Siria, de la que guardaba un recuerdo imborrable, no tanto por las circunstancias, ni por la compañía que tuve en ese viaje, no logro recordar a casi nadie de los que me acompañaron en el periplo y ni siquiera recuerdo con especial cariño a la entonces compañera que conmigo lo realizó. Pero si recuerdo sus desiertos interminables, sus gentes amables, sus grandes enclaves arqueológicos, sus bulliciosas ciudades, el precio ridículo de las cosas, lo fácil que era disfrutar de todo lo que te rodeaba, si te sabias aclimatar a las carencias inherentes al poco dinero de entonces y al bajo presupuesto del viaje, todo ello te obligaba a sentir, más que a pensar. Tengo casi la certeza que, en esta ocasión, ha sido otro el que ha realizado el viaje, y que ya no queda nada del anterior viajero, que ahora se ha convertido en casi un señor maduro, más tranquilo, más sosegado, menos provocador y problemático, pero más taciturno y analítico, que ya no se deja impresionar por casi nada.




Ahora con dinero en el bolsillo, con un viaje de más presupuesto, ya no se ha sentido viajero, se ha sentido turista. Que antes se podía engañar con descubrimientos inexistentes y contactos que le parecían de literato, para darse cuenta ahora que, antes y entonces, no dejo de ser un viajante de ocio, que dentro de una burbuja visitó y visita un país, que nunca llegará a comprender dentro del traje escafandra que imponen las maneras de viajar actuales.




Muy al contrario, los acompañantes en el periplo han vuelto más que satisfechos por el exotismo y los descubrimientos realizados, descubrimientos tan prefabricados como los que antes pensé eran únicos. Fabricados para el turista que ahora es un medio de vida imprescindible para las gentes que componen el comercio, alma fenicia, de este país.




Ninguno de ellos ha conseguido mantener una conversación con un autentico Sirio, no mercenario, no ha cruzado un saludo real y afectuoso con ninguno y menos con ninguna de ellas, pero cree que ha conocido este pueblo, que ahora como entonces se mueve en un deriva de supervivencia, como casi todos los organismos vivos de este planeta, que solo buscan como mandato universal, procrearse y morir, aunque con una dignidad, en el caso que nos ocupa, que no existen en esos llamados ámbitos en desarrollo.




Viendo la introducción la encuentro un tanto tétrica y pesimista, no me entendáis mal, a pesar de ello he disfrutado del recorrido, pero a partir de ahora dejaré de llamarle viaje, que viajar es otra cosa.




Hubo un tiempo en que conseguí viajar y conocer, pero hoy esto es imposible, no por falta de dinero, que en estos países no es necesario mucho, por falta de actitud, por falta de valor y por falta de tiempo, que nos pasamos más horas en casa o en un despacho, planificando un viaje que nunca se parecerá al que nuestro alma anhela, un viaje interminable lejos de nuestra vida, que nos haga un poco felices, ¿pero quien dijo que estamos aquí para ser felices?




















DAMASCO (Primera parte)






Llegar al aeropuerto de Damasco recuerda la entrada en unos grandes almacenes de la posguerra Española, una mezcla de Saldos Arias, para los más jóvenes de Sepu y aún para los más bisoños de un Lidl, en el que todo esta revuelto como en una reforma interminable. Donde los baldosines, colocados por artesanos antaño, han sido sustituidos o están en proceso de ello, por planchas de aluminio prefabricadas, que buscan borrar la mano de aquellos que, con argamasa y niveles, cubrieron las columnas dándolas un aspecto harto más solemne que el del metal abrillantado. Sucedió en Madrid, cambiando un metro artesano por una sucesión de estaciones recubiertas con chapas de colores y sucede en Siria. Es como si el futuro no fuera consolidar y embellecer, sino tapar someramente el pasado con proyecciones endebles que buscan dar formas modernas y solo consiguen parchear y ocultar lo que fue un trabajo elaborado y artesano, eso si ahora más barato en costes, pero mas caro en comisiones. Renovarse para los humanos no es cambiar desde el interior hacia fuera, es modificar el exterior para que no se recuerde lo que hay dentro de nosotros.




Colas interminables para controlar quien entra en el país, cuando el funcionario de turno no controla nada, solo sella y sella pasaportes y visados entre una gran algarabía, palabra de origen árabe que define con exactitud el ambiente reinante.




Nos recibe un sirio pelirrojo, abundantes en estos lares y que demuestra una vez más la fusión de culturas, etnias y civilizaciones que a fuerza de darse hostias, de manera indiscriminada, han compuesto una familia cuya única relación es seguir dándoselas mientras occidente saca jugo del jaleo.




Como nos hemos incorporado tarde al viaje, el resto llego dos días antes, nos dirigimos a contactar con el grupo en Tartus, antes Tortosa, localidad costera al norte de Damasco a unos 300 Km., y que como su anterior nombre indica fue territorio de Cruzados, como aún recuerdan sus construcciones es el caso del Crac de los Caballeros, cuya visita esta vez no realizamos al llegar más tarde al grupo.




A tal fin nos alojan en una destartalada furgoneta donde el conductor y su primo conectan el hiperespacio, ya que son las 18 horas, nos tienen que llevar y retornar a Damasco. Ni que decir tiene que la comunicación es nula, ellos van a la suyo, nos dan permiso para fumar, con el fin de hacer ellos lo propio y se lanzan a una especie de autovía de dos carriles y medio que surca las faldas de los montes Antelibano.




Cae la noche y solo acertamos a ver los adelantamientos suicidas de la pareja, ávida por terminar el transporte. En esos momentos me invade una lasitud que me hace indiferente a la muerte, en cualquier momento uno de los coches que se sale al arcén para dejarnos paso, a golpe de claxon, puede decidir volver a su carril y nosotros salir por los aires o chocar con otro que nos esta adelantando y curiosamente, quizá por la edad, quizá por el Idalpren o quizá por ser consciente de que la vida es una lotería en la que nadie gana, pero todos estamos obligados a jugar.




Increíblemente y a pesar del bacheado, en menos de dos horas y media, la tartana completa el recorrido y nos deposita en nuestro destino, Tartus, ciudad costera en la que la noche cerrada solo deja adivinar el batir de las olas por detrás de una alambrada, que marca una remodelación del paseo marítimo. El resto igual que hace años, chiscones de piedra que muestran una primera edificación, preparada con columnas y vigas que surgen de sus techos, para continuar creciendo en tiempos en los que la economía lo permita, pero la economía, marcada por la guerra y sus gastos inherentes, no lo permitirá nunca y seguirán pareciendo esqueletos de gigantes muertos, que solo tienen vida en sus pies, donde se encienden luces amarillentas que anuncian tiendas, restaurantes, chiscones de comida en rodillo, o dulces almibarados, más para peregrinos de nuestra calaña, que para los autóctonos pobladores. Todo polvo, y cemento gris, con varas de hierro que surgen entre sus estructuras, todo igual que en mi primer viaje, Siria esta parada, anclada en el pasado. Aún así grandes carteles de su presidente en árabe e ingles, incomprensiblemente, rezan que él cree en el futuro de Siria. Pero ya se sabe las creencias casi siempre son fe y la fe no es materia discutible a no ser que nos embarquemos en una guerra santa, algo muy trillado en esta zona.




Encontramos a nuestros amigos, contactamos con el grupo y deambulamos por las calles en busca de algún lugar en el que charlar, escuchar sus impresiones, narrar nuestras visicisitudes por el hiperespacio sirio y por supuesto devorar algún manjar autóctono. Quizá por la veteranía, que supuestamente da una estancia anterior en estas tierras, la misión recae en mí, el grupo se desgaja entre los que buscan una cena informal y los que queremos algo que de manera más contundente despegue las paredes de nuestros estómagos. Entre las luces amarillentas del paseo marítimo, quizá en perpetua en remodelación, locales de comida rápida, carne en rollo o Kebab. Nada que anime a sentarse y comenzar la degustación y sobremesa. Derivamos a las calles interiores de locales más acogedores y presumiblemente más baratos, al carecer de vistas al mar, pero es de noche, que más da. Y encontramos lo que buscamos un local de aspecto desaliñado pero con un buen surtido de pescados de la zona, chicharros, lubinas y doradas, en suma pescado cogido por sorpresa en su libertad y no criado en tinas, como se acostumbra consumir en España. Después de su pesado y ajustar precios, nos sentamos a la mesa y degustamos quizás una de las mejores cenas que nos esperaban en nuestro viaje y todo ello a unos precios que no volveríamos a pagar.




Esta ciudad se constituyó, en el periplo, como puente entre nuestra forma de vivir y comer en occidente, con lo que a partir de ahora nos depararía, no el destino, sino una agencia de viajes más preocupada en los réditos y comisiones, que en la agradable estancia y viaje de sus clientes. Fue el primer y último hotel correcto, en el que hasta había algo decente para desayunar. Ya lo iréis comprendiendo.



DE TARTUS A HAMA






La mañana se presentaba con una neblina que será cotidiana, hasta que el sol haga sus deberes y acabe con ella, luego calor asfixiante. Mis huesos, después del viaje en avión, en el que no pude ni pegar ojo, (en virtud de la compañía que atronaría después el recorrido: multitud de turistas ancianos y bulliciosos que no pararon en su asiento un momento, creyendo que el avión era más un autobús de línea), estaban remisos a comenzar el día. Pero las ganas de echar un vistazo por la ventana y ver el entorno, vedado en parte por la oscuridad de la noche anterior, me empujaron con el resorte de un ¡ahhh!, ya cada vez que me muevo sueno, ¿será para recordar que sigo vivo?




A través de la ventana un mar azul claro, hermano del cielo plomizo, todo calma, ni viento, ni olas. A la derecha observo las segundas plantas de los gigantes ya descritos ayer, casas a medio construir a la espera de elevarse sobre el resto, en vano empeño y sobre ellas multitud de paelleras, versus parabólicas, que como luego constaré invaden todo el país y que con su herrumbre colman de más sensación de derrota a las azoteas a medio construir. Me asalta una pregunta, ¿si la televisión llega aquí procedente de todo el mundo por qué no se produce un cambio social? Luego llegará la respuesta.




Después de un buen e increíble desayuno, donde no faltan el puré de garbanzos, humus, las aceitunas amargas y el queso salado, como guarnición de una especie de mortadela de cordero, me conformo con café, leche y tostadas, aquí sustituidas por tortas de harina huecas en su interior, partimos hacia UGARIT, uno de los lugares que con más ansia esperaba conocer y que no pude hollar en mi anterior visita a estas tierras.




Después un discurrir por campos yermos y pueblos a juego, donde la vida ni comienza, ni acaba. En Siria es posible encontrar una tienda de cualquier producto, en cualquier lugar, abierta a las 3 o las 4 de la mañana con su dueño y un colega departiendo en la puerta, llama la atención el gran número de barberías, donde a cualquier hora del día y de la noche, no cierran nunca, podemos observar como se acicalan, eso si, siempre hombres.




Ugarit se nos muestra elevada, sobre un promontorio, como cuna de la civilización Cananea, y aunque el guía no se cansa de repetir fenicios, no tiene ni puta idea. Los Cananeos aparecen alrededor del tercer milenio antes de cristo y el yacimiento conoce su apogeo a partir del segundo milenio. Este lugar será la cuna de la escritura, cuneiforme, y del primer alfabeto de la historia hoy por hoy conocido, que luego será llamado fenicio. De aquí partirán, de su tronco étnico, todos los pueblos de la zona en su fusión con los pobladores primigenios: de aquí saldrán los palestinos, de aquí saldrán los árabes, de aquí saldrán los judíos de Judea, de aquí saldrán los tatarabuelos de los Anibales, los Asdrubales, los Almircar Barca, de esta civilización, que sedentarios desde 10 milenios antes, conoce su eclosión en este promontorio, raza semita de mismas raíces, hoy enfrentados a muerte por intereses occidentales y un nefasto reparto territorial.




El yacimiento afortunadamente se encuentra poco excavado, aunque expoliado, seguramente, por arqueólogos de butrón. No obstante el enclave es magnifico y se respira ese ambiente especial, que hace que algunos lugares sean transcendentales hasta para los animales que los habitan, respetuosos con los ruidos del aire al batir los arbustos. Paseamos por las antiguas calles, de las que nacen lienzos de muros que hablan de grandes edificaciones, templos, mercados, cisternas y como no, tumbas, como lo que más interesa al turista, que espera ver salir bailando a los propios la danza de los esqueletos.




No voy a aburrir al personal con datos técnicos y arqueológicos de la ciudad que cualquier guía recoge, pero según los compañeros sacan las últimas fotos, y se dirigen a la tienda de recuerdos y los WC., yo relantizo mi paso e imagino, que es lo mío, una Ugarit rebosante de vida, no mejor que nuestra vida, que no son términos comparables, ni equiparables; no es igual un banquero actual que un sin techo, ni un aristócrata Barca que un esclavo capturado en combate. Me refiero a otro tipo de rebosar de vida, esa vida que aún vemos en las Kasbas y los Zocos, donde todos se ufanan por salir adelante y donde, entonces, las diferencias religiosas no eran tantas, todos siervos de Baal, que luego se desgajará en múltiples deidades y dará lugar a versiones enfrentadas que determinarán el presente de la zona.




Todos de nuevo en el autobús, conducido, pensaba yo, por un piloto automático, pero no, a lo largo del viaje comprobaré que también el autismo hace estragos en Siria, en este caso en el ámbito de la conducción; nos dirigimos al castillo de Saladino, el azote de los Cruzados. El castillo se llama así por el tiempo que tardo en conquistarlo. Así aunque lo construyeron los Cruzados, excavando foso y paredes en roca viva, el infiel se lo limpiara en dos días y es que ser “él elegido” da fuerzas y los Cruzados no creían en nada, solo en hacer fortuna, aquí solo tuvieron fortuna los que escaparon con vida.




A mi los castillos, ni fu, ni fa, me parecen grandes, altos, dicen los entendidos que en ocasiones inexpugnables, pero casi siempre fueron de mano en mano, en esta tierra donde primero los Cruzados, luego los Musulmanes, otra vez los Cruzados, otra vez los Musulmanes, luego los Mongoles, después los Otomanos, luego los Ingleses y Franceses y ahora los turistas toman al asalto, como si sus torres de homenaje, sus paseos de ronda, sus entradas en codo y sus escapes subterráneos no hubieran servido de nada.




Los castillos es mejor verlos de lejos, con perspectiva, y en una foto, que duda cabe, hacen mejor encuadre.




De ahí a comer a Lhardy, lo digo por los precios que, en virtud de la comisión del guía, del conductor, del dueño del restaurante, de la madre de todos ellos y del señor de los servicios, igualaban al plato del día en el mencionado y afamado restaurante de Madrid. Pero la opción era clara, único restaurante en la zona, o comes o no comes, y si comes pagas, lo que no quiere decir que comas, a saber: brocheta de carne picada picante para disimular su origen, ensalada en bruto para garantizar su salubridad, como si los tomates y la lechuga los hubieran lavado en la U.E., ¡no te jode!, pollo con partículas rojas y negras, que le dan el mismo sabor que los pinchos de carne y de postre café turco: café reposando sobre una ciénaga de posos, sustituible por te de menta, eso si marca Lipton. No se puede confeccionar un menú más típico para turistas, con la salvedad del Humus y las aceitunas, ya presente en el desayuno. Eso si, había cervezas, pero a precio de cava catalán y con precio separado del menú. No hablaré con esto más de las comidas, ya que serán todas iguales de malas y caras y no porque la cocina Siria lo sea, más bien por lo gilipoyas que somos, al admitir que nos paren en los sitios pactados por los guías, que a nuestra costa se hacen ricos. Tocamos a más de 10 Euros por cabeza, sino es así que venga Ala y lo vea. Intente montar la primera y penúltima rebelión, sin éxito, para conseguir alimentarnos de manera más razonable, sabrosa y económica, pero la abulia generalizada hizo que desistiera por el momento.




En plena dolorosa digestión y siguiendo el curso del Orontes, del que luego hablaré para recordar lo mejor del viaje, nos dirigimos a APHAMIA, ciudad fundada por Seleuco uno de los generales de Alejandro Magno, quien tomo el control de parte de los territorios conquistados por este a su muerte. De Aphamia tenía muy buenos recuerdos, tuvo que ser una ciudad esplendorosa de la que solo queda hoy su Cardo, es decir su calle central y parte de la columnata que la enmarca, evidentemente ha sido reconstruida por arqueólogos franceses y belgas, quienes seguramente a cambio han expoliado la zona, no obstante la reconstrucción parece bastante fiel y da una idea del esplendor de esta ciudad hoy en el desierto, pero que entonces seria un vergel en virtud del Orontes y a la que Seleuco bautizó con el nombre de su mujer. Como, por otra parte, hacia con todas las ciudades que fundaba-conquistaba, esta a nombre de mi madre, esta de mi hija, esta de mi cuñada, esta de mi amante, que queréis que os diga, hoy lo hacen con terrenos recalificados y chalés.




El paseo entre las columnas cuando cae la tarde, que aquí cae muy pronto y de pronto, a las 18 h. es noche cerrada, es un paseo de ensueño, afortunadamente los turistas, con nuestra excepción, son inexistentes, únicamente parejitas de Sirios que no dejan de hacerse fotos, mientras varios críos, azuzados por su padre, nos intentan vender postales de las ruinas; a la par el progenitor subido en una moto, recorre la vía ofreciéndonos monedas, expoliadas, vidrios y fíbulas, que guarda atropelladamente, cuando el cuidador del enclave llega y al que contenta con unos arrugados billetes, para continuar con su trapicheo y el de sus vástagos, aquí todos tienen que llevarse su parte.




Salimos por el final de la vía, después de haberla recorrido por completo, con sosiego y lentitud, el rencor por el sablazo de la comida, deja paso a un agradecimiento hacia el joven guía que nos acompaña, al menos sabe manejar los tiempos. Y de aquí a Hama, la ciudad de las Norias y de la represión, pero eso ya es otro día. Aunque por la noche vuelvo a acordarme del guía, quien nos recomienda un restaurante, y no pudiendo ir al que yo tenia proyectado al borde del río, que ya no existe, me refiero tanto al río, como al restaurante, y no adentrarnos en la ciudad, terminamos abocados a degustar otra de lo mismo y con los precios de rigor, ya que nuestro vivo leader ya había puesto en aviso al dueño del garito, quien nos tenia preparada hasta la mesa.



DE HAMA A ALEPO (Primera parte)






La primera vez que visité Hama, cálculo que hace unos diez años, lo que más me impresionó fue el sosiego que se respiraba, lo tradicional en las indumentarias de hombres y mujeres, yendo estas casi completamente tapadas. Pero a diferencia de otras zonas del país, paseaban de la mano, sosegadamente, por el parque que bordea el río, donde en una cadencia milenaria, norias que se remontaban en su diseño al dominio romano, y después sustituidas por réplicas medievales, giraban y giraban sus hasta 12 m. de diámetro, provocando un sonido entre quejumbroso y metálico al rastrillar su cauce. Era una visión idílica que no he podido borrar, en estos años transcurridos, de mi engañoso cerebro, quien almacena los recuerdos como le place y luego los vierte como le da la gana, que esa es su misión: llenar lagunas, interpretar hechos y crear historias, de ahí que nadie ante una misma situación sienta o recuerde la misma historia.




En mi primer viaje me enteré, (por un amigo palestino del guía que tuvimos entonces, un personaje curioso que había vivido en Rusia, en Cuba y por fin había vuelto a su tierra, ahora que ya no era suya) que por los años 60 o 70 el padre del actual presidente, viendo el poder que una facción musulmana alcanzaba en la región, los llamados Hermanos Musulmanes, (los mismos que ganaron unas elecciones en Argelia posteriormente, por sistemas completamente democráticos y a los que el ejercito, en este caso Argelino, apoyado por occidente, masacró y derrocó del poder, dando lugar a una guerra civil en la zona que aun colea). El viejo y actualmente muerto presidente Assad en Siria, ni corto ni perezoso, para sofocar las revueltas que este grupo protagonizó en la zona, basadas en la falta de libertad y la pobreza, procedió a su exterminio directo, bombardeando Hama y masacrando a más de 10.000 habitantes.




La paz de entonces, en mi primera visita, fue quizás la estela dejada por la muerte de muchos inocentes y contestatarios al régimen férreo de la familia Assad.




Habría que hablar un poco de esta familia, desde el desconocimiento, por supuesto, ya que todo lo que se sabe de ellos viene tamizado por la prensa occidental, interesada en acabar con un país que para ellos es desestabilizante en la zona, tanto para Judíos, como para Libaneses, sin contar con las bases de Hezbolá en el Sur de Siria, desde donde lanzan pepinazos a los asentamientos de colonos Judíos en los territorios ocupados desde la guerra de los Seis Días. ¡Basta de información geopolítica de la zona, quien este interesado que lea y busque!




Pues bien esta familia lleva ostentando el poder décadas en Siria, pertenecen al partido Baas, mejor dicho son el partido Baas, de corte laico; el mismo partido que capitaneaba Sadam Huseim en Iraq; y aunque tienen elecciones cada siete años, se puede decir que son de partido único, pero con parlamento y todo, yo por lo menos yo he visto uno en Damasco.




Al morir el padre, el mando tenia que haber pasado al segundo hijo, pero este murió antes, misteriosamente, en un accidente sin aclarar, por lo que en la actualidad lidera el país el hijo menor, de corte totalmente occidental, quien no da el paso decisivo para salir del atolladero en que se encuentra el país; algo complicado no obstante, ya que a pesar de las reservas petrolíferas y la riqueza agraria del norte del país, emplea el 75% del presupuesto en ejercito, tanto para mantenerse en el poder, como para combatir a sus vecinos y enemigos, versus cristianos y falangistas libaneses y como no Israel. No obstante creo ha sido una suerte para el país que sea este el Presidente, ya que al menos ha sido educado en occidente y sus maneras son muy otras a las que esgrimían su padre y hermano. El hermano muerto daba escalofríos.




Aquí es costumbre que hasta en la tienda más miserable se coloque un retrato, en la mayoría de los casos raído, de lo que ahora en adelante llamaremos, (el nombre se lo puso muy acertadamente mi amigo Joaquín), la Santísima Trinidad, donde aparecen el padre y los dos hermanos. Pues bien, el hermano muerto siempre aparece de militar, con chupita de camuflaje y gafas de sol de espejos, lo que nos indica la calaña del individuo, quien seguramente pensó y acarició entre sus metas ser un nuevo Saladino en la zona. Pero Ala es sabio y justo y quizás ayudado por la CIA y EL MOSAT, lo quitaron de en medio.




Hoy Hama ya no respira nada, el cauce del río está completamente seco, dicen que para limpiarlo, las Norias, más de 11 están paradas y los chavales suben por ellas como por escaleras de rascacielos, haciéndolas girar con su peso para los turistas. Los mismos chavales que se encaramaban a ellas, en mi primera visita, y en saltos perfectos caían en picado al río para conseguir una propina.




Ya no se respira por tanto la paz que otorgaban los ronroneos de los gigantes y los restaurante del borde del río, al haberse convertido en una ciénaga maloliente, han cerrado y son pocos lo que pasean de la mano, mientras que los niños ya no corretean por lo insalubre de la zona.




Todo esto, a lo que se unió el restaurante para turistas del final del capitulo anterior, coopero a inflarme los huevos, algo que quedó solucionado a la mañana siguiente, ya que durante la ducha y como algo increíble, en el hotel que cuidadosamente escogimos, con el fin de huir del hotel de mi anterior estancia, de vistas bucólicas a las Norias, pero de instalaciones deleznables, se acabo el agua fría. Yo había sufrido en mis viajes falta de agua, falta de agua caliente, pero nunca falta de agua fría, con lo que al dirigir el chorro de la ducha a mis partes nobles, estas quedaron escaldadas, mientras yo me aferraba crispado al grifo de la fría, del precioso y lujoso hotel de 4 estrellas que habíamos elegido. El profeta dijo si algo tiene que salir mal, te pongas como te pongas, te quemarás los huevos, es decir, saldrá mal.




Visita así decepcionante por la cenagosa ciudad, Norias varadas, ausentes del color marrón oscuro, fruto de su continua inmersión en el río e intento del guía para meternos en una tienda de tejidos. Como decíamos ayer, no vuelvas a un lugar que te ha impresionado y te ha hecho sentir, no lo hagas.




Con el chasco en el cuerpo, Joaquín tuvo la idea de obviar la visita a San Simeón el Estilita, lugar de peregrinación donde un colgao decidió subirse a una columna, que fue aumentando de longitud con el paso del tiempo, para alejarse del mundo y hacer penitencia a su dios, ósea al nuestro, que era cristiano. Solo un cristiano puede hacer estas gilipoyeces. Así planteamos sustituir esta visita por otra a las Ciudades Muertas, de las que ya hablaremos, pero disensiones en el grupo lo hicieron inviable. La gente quería llegar pronto a Alepo ya que era jueves, el viernes es fiesta musulmana, cierra todo y querían comprar, algo a lo que el 80 % de los turistas dedica casi todo su tiempo de vacaciones.




Obligado por las circunstancias contemplé la columna del estilita de nuevo, de su columna no queda ni un metro amorfo, ya que ha sido cortada por los peregrinos como recuerdo. En su entorno se edificó, posteriormente, una Basílica hoy en ruinas y pude ver a lo lejos una de las ciudades Muertas, algo en mi interior me aviso que las conocería, querer es poder decía mi abuela Olvido.




El sol ya había tostado mi piel y mi barba acompañaba al conjunto, tanto es así que al visitar los servicios, el niño de la puerta, (los servicios son gratis pero siempre hay alguien en la puerta que te pide algo por utilizarlos, aunque no por limpiarlos), rechazó, con gesto serio, mi moneda expresándome en un árabe, que hasta yo entendí, que los conductores no pagaban en los servicios. En el dialecto universal, es decir, haciendo el gesto de sacar una fotografía con los dedos, le explique que a pesar de mi aspecto yo no era “de la mata”, que era un turista y que cogiera lo que le daba que los catalanes no le iban a dar un duro.




Esto me da pie para hablar de la convivencia en el grupo de las diferentes nacionalidades: estaba formado por catalanas y madrileñ@s, de nacimiento unos, de adopción otros. Así como personal de zonas más castellanas. Entre catalanas y madrileñ@s el filing fue bueno, no así entre castellanas y catalanas, lo que se fue suavizando poco a poco, algo que habría hecho llorar al mismísimo Conde Duque de Olivares.




Dejamos al espíritu del estilita, inmortalizado irónicamente por Buñuel, subido en su fragmento de columna y nos dirigimos hacia Alepo, pero eso lo dejamos para otro día, que por hoy estaréis extenuados, como yo entonces lo estaba.





ALEPO (Segunda parte)






¿Por qué viajamos? Me ha asaltado la pregunta, como consecuencia de un correo recibido, en el que se me planteaba si lo había pasado bien en el viaje, ya que, al parecer, daba la sensación, de no haber disfrutado del mismo. Y respondo, no viajo para pasármelo bien básicamente; para pasarlo bien me encierro en casa con todo lo que necesito, quedo con mis amigos o me dedico a acurrucarme en el sofá con Olga para ver una película, o leo un libro del tirón, como hacia antes. Viajo para conocer, para sentir, para pensar, para intentar conocerme a mi mismo fuera de mi entorno y observar como lo enfrentan los demás. Para intentar saber, en suma, como funciona todo fuera de mí, descubriendo, casi siempre, que todo funciona tan caóticamente como dentro de mí. Viajo no para pasármelo bien, repito, sino como una misión que me imponen mis ganas de conocer que lugar ocupo en este revuelto mundo, como lo encajo y en la creencia de que al menos en mi interior me ayuda a crecer. Dicho esto continuemos con Alepo.




Alepo es un caos, la verdad es que toda Siria es un caos, pero Alepo es más caos, eso si un caos ordenado, debe ser por lo de las alas de la mariposa que dan lugar a ciclones y que extrañamente ordenan el orden inexistente. Ejemplo de este caos es una mezquita, hoy en día fuera de servicio, que se yergue sobre sus murallas y que en virtud del sabio Joaquín, con el que viajaría a cualquier parte del mundo, por su saber estar, por su sabiduría, por su bondad innata, por sus ganas de agradar y por cargar con lo más duro del viaje, orientarse y orientarnos sobre los lugares que recorrimos y lo acaecido en ellos. Yo tengo la mala costumbre, aunque impuesta tácitamente, de no leer ninguna guía, ni nada del país de destino, hasta que no vuelvo del mismo, me gusta viajar en el desconocimiento más absoluto, quizás para llegar a mis propias conclusiones o quizás porque soy un puto vago, vaya usted a saber. Pues bien Joaquín nos mostró como un lienzo, del muro de la mezquita, estaba ocupado por una estela Hitita, que había sido reutilizada para su construcción, pareciendo así el pequeño edificio el bastidor perfecto para enmarcar una pequeña obra de arte, con más antigüedad que nada de lo que viéramos en Alepo, con excepción de su museo Arqueológico, del que luego hablaremos.




Vista desde la muralla, se observa poco contraste entre la ciudad antigua, separada por la valla pétrea, y la ciudad nueva, que no moderna, que igualmente podría pasar por antigua, ya que todo lo que se construye en Siria a los diez minutos ya parece viejo, que no antiguo, ¿será el material utilizado?, ¿será el poco cuidado del entorno?, ¿será el carácter Sirio que todo lo impregna juntando lo nuevo y lo viejo, para hacerlo indistinguible, negando así cualquier cambio posible?




Volviendo a la ciudad antigua, recorrimos sus zocos, sus mezquitas, sus karanvaserais, sus madrasas. Hasta hicimos incursión en el chiscón de un anticuario, donde durante casi una hora pujamos por unas hermosas dagas, que sacamos, creo yo teniendo en cuenta el precio de partida, a un precio ventajoso después de desarrollar todos nuestros recursos en el arte del regateo.




Vimos como cristianos y musulmanes conviven pacíficamente en barrios lindantes, y como las mujeres con chador de cuerpo entero, se cruzan en sus calles con escotes y ropas cristianas apretadas, cada uno con sus creencias, cada uno con sus ritos, son las mismas religiones con preceptos diferentes. Esto es viajar, conocer que la convivencia es posible, que los seres no siempre tienen que estar enfrentados, si eso me procura bienestar, pues eso que me llevo. Pero como después, sentando frente a la súper restaurada ciudadela, veo a un pobre hombre sin piernas reptar sobre sus codos para desplazarse, el conocimiento de esta otra realidad me produce tristeza y eso sigue siendo viajar, aunque me duela.




También viajar es ver la determinación con que un crío, que aquí estaría haciendo el gilipoyas, allí con una bolsa en la mano va vendiendo platitos de pistachos, cuidadosamente cerrados con una lamina de plástico, ver la determinación en sus ademanes, en sus ojos, en la seguridad con la que ofrece la mercancía, te cobra y te da los frutos secos. Algo que más tarde se refrendará en otra tienda, donde nos atiende otro crío con la misma edad del anterior, 7 u 8 años, mientras su padre de reojo le observa como se comporta durante toda la venta. Posteriormente en Damasco en una tienda de perfumes, con un joven algo mayor, volveremos a ser protagonistas de la misma historia, mientras probamos y compramos perfumes de la mano del joven, su abuelo entre retortas y pipetas, observa la ceremonia con una media sonrisa, que en el chaval se vuelve alegría desbordada al comprobar que va a hacer una buena venta y que su abuelo, según nos alejamos, firma con un golpecito en su espalda y una gran sonrisa de satisfacción. Es como si una generación de nuevos fenicios, viniera a sustituir a la anterior, con el mismo arte y desparpajo, lo que alegra al viajero, que por otra parte piensa tristemente, que ojala ningún conflicto en la zona haga que estos tres esquejes se partan, por una guerra de religión o de territorios, que al fin o al cabo es el mismo caso. Esto es viajar.




Podríamos hablar de la ciudadela de Alepo, pero no vamos a hacerlo, está absolutamente en proceso de fabricación, conservándose ya poca parte del original, no obstante sirve para hacerse una idea de la majestad que pudo contener en su día.




Después del clave diario a la hora de la comida en un restaurante, según dicen, el mejor de Alepo, para turistas claro, el grupo se desgaja, algo que se agradece, entre los que se van de compras o a echar la siesta y los que optamos por el museo, al que yo recordaba como uno de los mejores museos arqueológicos de Siria.




Es cierto que el 70% de su colección son copias, ya que occidente se ha ocupado de expoliar el patrimonio Sirio a cambio de levantar sus columnas, pero sirve para hacerse una muy buena idea de la historia y las fases de este país de países. Desgraciadamente cometimos el error de licenciar al guía, que nos iba dando explicaciones descabelladas sobre las piezas que íbamos observando; no en vano tanto Joaquín, Loreto y yo mismo, aunque no eruditos, hemos estudiado Historia Antigua y no queríamos interferencias en la visita. Craso error, fue irse nuestro guía, y los cuidadores aprovecharon para cerrar el museo, poniéndonos en la puta calle, aunque quedaba más de media hora para su cierre y nos faltaba por ver todo el periodo greco-romano, intenté encabezar una rebelión, pero como líder he perdido todo mi carisma.




Con lo cual y para descansar un poco volvimos al hotel, El Barón, en el que yo tenía puestas muchas expectativas, no en vano fue el hotel elegido para su estancia en Alepo, tanto por Agatha Cristie, como por Lawrence de Arabia, y no me defraudó.




Estaba tal cual como ellos lo visitaron, yo creo que hasta el recepcionista los conoció, la decoración la misma, los cuadros, los sillones, la pintura la misma, el polvo el mismo. Aunque esto decepcionó a parte de los expedicionarios, a mi me hizo cierta ilusión vivir con lo ácaros y demás fauna existente, ya que eran los descendiente directos de los que convivieron con los ilustres visitantes antes mencionados. De las dos noches que estuvimos allí he de decir que dormí como un roble, aunque la última noche la venganza de Saladino, comenzó a hacer estragos en nosotros, todo por seguir ciertas recomendaciones restauradoras y no dejarnos llevar por nuestra intuición, hasta el momento intacta. Con ello comenzaron nuestras visitas asiduas al baño y no para ducharnos.



Mañana más...........................

jueves, 22 de agosto de 2013

SOMOS GILIPOYAS PERO NO TANTO

De verdad que a mi me gustan los relatos, me gusta imaginar, pensar para desarrollar ideas, con el fin de, cómo subido en un Gólgota, verterlo sobre el papel, en la esperanza de que por ahí haya alguien que lo pueda interpretar, es más disfrutar, si se da el caso, con algunas de las imágenes de las líneas de pensamientos y críticas .


Pero como voy a darle a la ficción con el atracón de realidad que tenemos, ¿Cómo?


Algo habrá que decir de Mubarak, quien después de ser responsable de miles de muertes en las “primaveras árabes”, como ya anuncié “el invierno de occidente”, ya está en la calle, como lo estará Barcenas, cómo lo estarán los Gürtel, como lo estarán todos.


Somos tontos y con doce hacemos una docena.


Mientras en Siria, cuando el gobierno permite que la ONU, organización de nódulos untosos, que son como bultos sospechosos, que están todos en el negocio del “unto”, bonito verbo, yo te unto, tu me untas, el te unta, verbo reflexivo donde los haya, ya que los untos van en ambas direcciones. Lo que una comisión parlamentaria de choque de trenes llamaría “bidireccional” o lo que es lo mismo tanto monta, monta tanto el administrador como el conductor, pero con menos sueldos dependiendo del escalafón. Y como ya se sabe el muerto al hoyo y el vivo al bollo, aunque muy grande ha de ser el bollo para tanto hoyo.


Pues bien cuando los nódulos untosos se presentan en Siria, casualmente se produce un presunto ataque con gas sarin, según la oposición, que nos presenta cadáveres sin sangre, ni maltrato, como prueba de ello y EEUU que ha metido a uno de sus soldados en la cárcel 35 años por decir la verdad, nos habla de crimen de guerra.


¡Haber si nos enteramos la guerra es el crimen y vosotros proporcionáis las armas!


Que más me da morir por gas sarin, que por Kalasnilkov, que por fuego de mortero, amigo o enemigo que hasta en esto distinguen, que morir por cuchillo, bayoneta o cuchillo de montaña. Un muerto es un muerto y más si es en una guerra provocada desde fuera y de manera injusta, para instaurar el poder que más nos interesa en la zona.


No nos cuentan como esta Grecia, no nos cuentan como esta Bulgaria, como esta Túnez, como esta Libia. Arrasadas, y en los últimos casos con muertos por guerrillas “de la libertad” nutridas con armamento americano, campando por sus respetos”. ¿Es mejor esto que un gas que se llama Sarin?


Señores, Señoras, somos gilipoyas pero no tanto.

miércoles, 14 de agosto de 2013

PONGAMOS QUE................

Pongamos que, con mucho trabajo, consigues comprar un camión y con él sacar adelante a una familia de 3 hijos.

Pongamos que tu mujer enferma y debes vender el camión, ella tiene cáncer, y a pesar de ello, muere y te quedas sin camión, sin mujer y con tres hijos en paro.

Pongamos que tienes sesenta y tantos años.

Pongamos que, tu hijo mayor te propone un porte Marruecos-Algeciras.

Pongamos que te dice que son muebles.

Pongamos que te dice que entre los muebles hay “chocolate”, varios miles de kilos.

Pongamos que no te lo dice.

Pongamos que mientras cargan introducen la droga, sin tu conocimiento, entre los muebles.

Pongamos que si sabes que entre los muebles va la droga.

Pongamos que a la salida de Marruecos te paran y revisan el camión.

Pongamos que te detienen al encontrar la droga, junto a tu hijo.

Pongamos que te cae una condena de 4 años de cárcel en Marruecos, junto con tu hijo.

Pongamos que otro de sus hijos sufre un accidente, quemándose el 66% de su cuerpo.

Pongamos que el otro hijo queda solo.

Pongamos que tu mismo, estás enfermo desde hace años de diabetes, y en la cárcel empeora.

Pongamos que el Rey de España va a Marruecos y pide tu traslado.

Pongamos que indultan a 40 españoles y a ti no.

Pongamos que por fin lo trasladan a España, después de protestas generalizadas por agravios comparativos con otros indultados.

Pongamos que ingresa en prisión en España.

Pongamos que todo lo hasta aquí escrito es verdad.

Pongamos que todo lo hasta aquí escrito no es del todo verdad.

Pongamos todo esto, en comparación con todo lo que acaece en España.

Pongámonos como nos pongamos, lo que si es cierto es que mientras “unos nacen con estrella, otros nacen estrellados”, Olvido dixit.

¡Vaya mierda de país, vaya mierda de democracia!, Fernando dixit.

viernes, 9 de agosto de 2013

Un poco de prosa, barata como los días.

Olvido dixit, o lo que es lo mismo mi abuela Olvido decía: “nada hay más barato que los días, después de uno, viene otro”.

Simple pero certero, habla de ellos como una sucesión temporal, que no nos indica en ningún caso: valor, felicidad, sabiduría, paz, progresos………………………..

Nos habla de paciencia, que es lo más barato que atesoran nuestros dirigentes, nuestra paciencia que al parecer es infinita, como el universo.

Pero los universos, y ahora más que nunca, son paralelos. No se puede comparar el universo de occidente, con el de oriente, el de un blanco con el de un negro, amarillo o cobrizo, el de un rico con un pobre, que es al fin o al cabo, a lo que se reduce todo.

No existe el racismo como tal, existen las diferencias económicas entre los distintos universos que conviven en este.

Y entre ellos los días que van pasando, como una mercancía sin valor, renovada día tras día, sin precio, sin valor, solo un coste: el de la vida, que se nos va de forma barata, y en nuestro caso sin hacer ruido, con un aleteo de mariposa en una campana sin aire, como el susurro de un ciempiés en un suelo sin tierra, como el amor que una vez sentimos y que ahora hemos renovado, que salta de día en día, como en unas rebajas, en las que la existencia es el saldo.

lunes, 5 de agosto de 2013

De indultos, pederastas y mundo mundial………………………………..

Empezando por el final podemos llegar al principio, es lo que tiene el mundo, como es redondo, nada sale de casa, entiéndase por casa esta pelota que lo contiene todo, con la que juegan unos cuantos y nosotros estamos sujetos a las patadas que estos la imprimen.

Según lo último leído, 50 mil mujeres han desaparecido en Irak desde que los yanquis los “liberaron”, cierro comillas, (que es lo que se lleva ahora), al parecer, no es que se trate de trata de blancas, ya que son de piel dorada, pero el fin es el mismo, mujeres veladas pero elegidas, por guapas y buen porte, que van a nutrir prostíbulos del mundo oriental y occidental, que no todo van a ser ojos azules y cabellos rubios, hay gustos para todo y todos.

De ellas nadie o casi nadie, se ocupa, que son mujeres y encima “moras”, (más comillas), es decir, si secuestran a una sueca y la meten a puta es un escándalo, si es una “mora de mierda”, (sigo en la mía), no pasa nada y son 50 mil, “pa ponernos a buscar”, esto de las comillas es un virus, el de la estupidez, cierro ya para siempre las mismas.

Cerca de 200 mil muertos en Siria, comprendidos niños, hombres y mujeres, en una revuelta, llamada guerra civil, que si bien estaba larvada en el tiempo, nos ha sorprendido con una oposición dotada de armamento y gases tóxicos propios de un arsenal americano, (se me ha escapado lo de americano), que son los que proveen de armas a los luchadores por la libertad que así los llaman.

Pero aquí el problema se focaliza en un monarquía medieval, amiga de españa, la marroquí, que al parecer ha indultado a un pederasta que estaba condenado en sus cárceles. Cuando ministros, asesores de ministros y del monarca se follan a diario a niños, tanto carnalmente, algo muy dado entre ellos, como moral y socialmente. Es el caso de privarles de educación, de sanidad, ponerles a trabajar con cinco años y dejar que sus padres, llegado el caso, los vendan al mejor postor.

Pero nos preocupa que alguien físicamente les meta un pene por el culo o por la boca, ¡es horrible!, que mueran o vivan, que su país sea una mierda, que tengan un monarca medieval que decide sobre sus vidas, a su antojo como heredero del profeta, eso nos escandaliza, pero menos.

Aquí también indultamos, por un lado los tribunales marcan penas a corruptos, prevaricadores, cohechadores y demás desviadores de dinero público, pero para eso esta nuestro ministro de taifas, Said Gallardon, quien ha dado más indultos a personajes como estos, que todos los gobiernos del Psoe anteriores, que también dio los suyos. ¿Para que queremos tribunales?, ¡que los disuelvan coño!, si luego un tipo, montando en su ambición y con cara de empollón, los va a poner en la puta calle.

No obstante, no hay nada mejor para olvidarnos de Barcenas, Gurtel y Rajoy, sin mencionar a Cospedal, Cascos, Aceves o Arenas, que entrar en guerra con el Peñón, al grito de ¡Gibraltar español!, que amén de desviar la atención nos hace a todos patriotas y a otra cosa mariposa.

Por todo ello, y ya acabo con vuestra indignación por opiniones tan provocadoras, pensad que os dan por culo todos los días, que os meten poyas en la boca como autobuses, que por otra parte es lo único caliente que entra en el cuerpo de los muchos parados que atesoramos y que el PP no rebaja, pero hace que no crezcan, buen chiste, eh.

Seguid tragando ese líquido espeso parejo a la bilis y escandalizaros no por que resbale por las comisuras de vuestras indignadas bocas, si por pederastas indultados en países medievales.

jueves, 1 de agosto de 2013

Cierro la interrogación, fin de la pregunta

Cuando voy a comprar el pan, el panadero está a mi servicio, él me da el pan y yo le pago. Cuando se me rompe una tubería llamo al fontanero, el fontanero, como mi empleado circunstancial, me repara la avería y yo le pago. Cuando voy al consultorio de la Seg.Social, el médico, que es mi empleado, debe curarme, yo le pago todos los meses y de manera obligatoria. Cuando un empleado del organismo donde yo trabajo tiene una duda relativa a personal, viene a mi y yo le atiendo, soy su empleado, él con sus impuestos paga mi sueldo.

¿Pero que pasa cuando un congreso de diputados, que son mis empleados, no me representa? Yo pago mis impuesto: eurocomunitarios, nacionales, autonómicos y locales, directos e indirectos, tasas, multas, apremios, etc., pero si no me representan yo no puedo cambiar de gobernantes, hasta después de cuatro años.

Si puedo cambiar de panadero, fontanero, medico o funcionario, si no me atienden, me sisan, o me tratan mal, de manera inmediata e incluso presentar una reclamación al respecto, ¿Por qué no puedo cambiar de políticos?

La respuesta es porque yo estoy a su servicio, soy rehén de ellos, con el camelo del régimen democrático, disfrutan de las prebendas, sueldos y sobre sueldos, son corruptos, inoperantes y yo debo esperar otros cuatro años, para elegir, entre los mismos, otros que me parezcan menos malos.

Pero cuando tenemos un presidente que según sus palabras ha sido engañado durante veinte años, por “un delincuente”, “su delincuente”, muestra su falta de preparación para guiar un país, que si por algo se caracteriza, es por ser el país “del lazarillo de Tormes”, es decir, y repito cita del día anterior, un país donde “hasta el más tonto hace cestos”. Y es que con tal de no trabajar la gente hace malabares.

Esto nos muestra que es un inoperante e inapropiado presidente, que no se entera ni por donde van los “tiros”, ¿cómo, pues, va a gobernar este país?

Habréis observado el entrecomillado profuso, que intencionadamente he colocado, para los no versados, he de decir que para un discurso y cuando se citan palabras que se quieren resaltar y pertenecen a otras personas, después de cerrar comillas y entre paréntesis, se indica al orador: fin de la cita, indicando que el discurso continua pero el texto siguiente no pertenece a la cita anterior, es una información, no forma parte del discurso.

Tenemos un presidente tan tonto que para leer un discurso, lee en voz alta hasta la marca de agua del folio que indica su fabricación……………….¿ dónde vamos a parar?
(Cierro interrogación) Fin de la pregunta.